Peter Popov | Periodista
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21 Oct
21Oct

  Maia Hirsch, ingeniera mecánica venezolana de 24 años y doctoranda en robótica, construye vestidos que respiran, iluminan y florecen. No es metáfora: son prendas interactivas con sensores, motores, actuadores blandos y fibra óptica que reaccionan al cuerpo y al contacto humano.  

   Su trabajo, fue exhibido en New York Fashion Week y en el Cornell Fashion Collective, representando una de las expresiones más claras de una tendencia emergente: la moda como extensión de la ingeniería y la robótica wearable. Hirsch nació en Venezuela, desde los 12 años, ha vivido entre Miami, Panamá, Israel y ahora Estados Unidos. Esa trayectoria de adaptación constante marcó su forma de crear. La ingeniería le dió estabilidad; la moda, un lenguaje para expresar identidad.

  Durante la pandemia, mientras cursaba ingeniería de forma remota (con horarios israelíes que la mantenían despierta de madrugada), se inscribió en un curso de diseño de moda en el Istituto Marangoni de Miami. Lo que comenzó como terapia se convirtió en vocación. “La moda no ha evolucionado al mismo ritmo que la tecnología”, ha señalado en entrevistas. “Si se trata de expresión, debería reflejar hasta dónde hemos llegado”.

   Hoy, como estudiante de doctorado en el Human Augmentation Physical Perceptual Interactions (HAPPI) Lab de Cornell, investiga sistemas wearables, haptics y la integración confiable de sensores y actuadores en el cuerpo humano. Sus proyectos personales llevan esa investigación a la pasarela. Uno de los más recientes y mediáticos es: Peace Offer (también conocido como Blooming Dress). El vestido, de algodón y pétalos de organza, permanece cerrado hasta que alguien estrecha la mano de quien lo lleva. Un sensor capacitivo en la palma activa motores de alto torque que abren los pétalos en un gesto de floración. Hirsch se inspiró en las protestas pacíficas de Venezuela, donde civiles ofrecían flores blancas a los militares como símbolo de esperanza. “La paz no es una decisión unilateral”, ha explicado. “Se necesitan dos manos”. 

Foto: cortesía medios DG.

  La pieza debutó en el Cornell Fashion Collective y se presentó en EDGE New York Fashion Week (febrero 2025), donde el público pudo interactuar con ella. En febrero de 2026 volvió a la pasarela en el show “Future of Fashion” de SFWRunway, en Times Square. Otra creación reciente es el Living Crystal (o vestido que respira / Chrysalis). Con cristales impresos en 3D y estructuras de robótica blanda de silicona, se expande y contrae sincronizado con el latido del corazón de la modelo. Se presentó en el 42.º desfile de primavera del Cornell Fashion Collective, bajo el tema de la relación entre humanos y máquinas. Hirsch, se preguntó si una máquina podía imitar algo tan humano como la respiración. 

  El resultado es una prenda que parece viva y al mismo tiempo, frágil; una metáfora de una generación que se presenta estructurada pero se quiebra con facilidad. El Gazing Dress completa el trío más destacado. Con orquídeas impresas en 3D y fibra óptica, se ilumina sólo cuando la portadora levanta la mirada. Es una respuesta directa a la cultura de las pantallas: “Solo se ve bonito si miras hacia arriba”, destacó. También se ha mostrado en la New York Fashion Week junto al Blooming Dress. Un proyecto anterior, The Flower Awakens (2024), utiliza servomotores y visión por computadora para que las flores del vestido sigan el movimiento de las manos. Todos estos trabajos los realiza casi en solitario en el Cornell Maker Club, combinando modelado digital, impresión 3D, soldadura y costura tradicional. 

  Cada pieza, exige meses de iteración y miles de dólares en financiamiento (como los premios Backslash de Cornell Tech).Lo que hace Hirsch no es solo “moda tecnológica”. Es ingeniería aplicada a la experiencia emocional y social. El handshake que abre un vestido, la respiración que anima unos cristales o la mirada que enciende luces convierten la prenda en un mediador de conexión. En un mundo cada vez más digital y dividido, estas piezas proponen que la tecnología no aísle, sino que acerque. Su investigación en haptics — sistemas que simulan el tacto, como un abrazo virtual — apunta en la misma dirección: prendas que no solo se ven, sino que se sienten y responden. Esta fusión forma parte de una evolución más amplia. Diseñadores como Iris Van Herpen, ya exploraron estructuras cinéticas y materiales computacionales. 

  Hirsch, siendo muy joven, aporta un enfoque distinto: la interacción social como disparador y una voz latina y femenina en un campo aún mayoritariamente masculino. A través de su cuenta de Instagram @maiahirschlab (más de 60.000 seguidores), documenta procesos, fracasos y logros. Recibe mensajes de jóvenes que casi abandonan la ingeniería y al verla, deciden continuar. “No puedes ser lo que no puedes ver”, resume. La moda siempre ha reflejado su tiempo.

  En el siglo XXI, el tiempo es de sensores, algoritmos y cuerpos aumentados. Maia Hirsch, no elige entre ser ingeniera o diseñadora. Elige ambas cosas y al hacerlo, abre la puerta a una nueva tendencia: ropa que no solo viste el cuerpo, sino que dialoga con él y con los demás. Una tendencia que, desde los talleres universitarios hasta las pasarelas de Nueva York, empieza a florecer.

Para conocer más su trabajo ingrese: 

https://www.maia-hirsch.com/ 

https://www.instagram.com/maiahirschlab/


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